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    PROCRASTINAR




    Definición:
    La denotación verbal del término, nos habla de aplazar lo que hay que confrontar tarde o temprano, la persona que procrastina simplemente evade la realidad fáctica de estar y de ser, lo que se debe hacer para seguir siendo y donde se debe estar para seguir haciendo y siendo.

    La procrastinación (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables.
    La connotación de este término, es lo realmente importante a la hora de valorar este gran síntoma psicológico, que por lo común,  muchas veces pasa desapercibido, por lo hábil que se vuelve el ser que tiene este hábito.
    La procrastinación como síndrome que evade responsabilizarse posponiendo tareas a realizar puede llevar al individuo a refugiarse en actividades ajenas a su cometido. La costumbre de posponer, si bien no se ha demostrado cabalmente, puede generar dependencia de diversos elementos externos, tales como navegar en Internet, leer libros, salir de compras, comer compulsivamente o dejarse absorber en exceso por la rutina laboral, entre otras, como pretexto para evadir alguna responsabilidad, acción o decisión.
    Este problema de salud no necesariamente está ligado a la depresión o a la baja autoestima. El perfeccionismo extremo o el miedo al fracaso también son factores para posponer, como por ejemplo al no atender una llamada o una cita donde se espera llegar a una decisión.
    Desde la perspectiva psicológica transpersonal es el “niño interno” llamando la atención al “padre”  pidiéndole afecto, cosa que en otras circunstancias “el adulto” no tendría.
    Por ese motivo se toma “su tiempo” para tomar la decisión de actuar y sentir así el placer que le fue negado o no saciado; el placer de controlar, de hacerse el centro de atención y recibir la atención (producto de un amor inadecuadamente vivido y expresado); desde el punto de vista del psicoanálisis es una fijación en la etapa anal no resuelta, y que en el presente se manifiesta como un programa que boicotea todas las tomas de decisión que  signifique compromiso, estrés, etc. incluyendo el “crecimiento” personal.
    Postergar de forma sistemática aquellas tareas que debemos hacer, que son cruciales para nuestro desarrollo y que son reemplazadas por otras más irrelevantes, ¿es un acto de auto-sabotaje o de protección del yo? (evasión), cualquiera que sea la interpretación que se le quiera dar, es un signo ligado a múltiples trastornos psicológicos.

    La procrastinación, en particular, es un problema de autorregulación y de organización del tiempo. Su solución consistiría, entre otras cosas, en lograr una adecuada organización del tiempo, concentrándose en realizar las tareas importantes que tienen un plazo de finalización más cercano. Quien pospone o procrastina una decisión, por no sentirse preparado -esperando que todo se resuelva por sí solo- suele aducir que lo hará después «... en cuanto tenga tiempo», con lo que está presentando, en el fondo, una conducta evasiva.
    EXISTEN TRES TIPOS DE PROCRASTINACIÓN:
    Por evasión, cuando se evita empezar una tarea por miedo al fracaso. Es un problema de autoestima. Típico de los estudiantes.
    Por activación, cuando se posterga una tarea hasta que ya no hay más remedio que realizarla. Es un problema contrario al anterior. Típico de los ejecutivos modernos nunca tienen tiempo para sí mismos o la familia.
    Por indecisión, típico de las personas indecisas que intentan realizar la tarea pero se pierden en pensar la mejor manera de hacerlo sin llegar a tomar una decisión. Se denomina también complejo de Penélope (la mujer de Ulises, que tejía y destejía siempre la misma tela para evitar casarse con los pretendientes al reino insular de Ítaca mientras esperaba que volviera Ulises).
    Bases psicológicas y de personalidad procrastinadora.
    Creencias irracionales: basadas en una pobre autoimagen y auto concepto de sí mismos que les hace verse como inadecuados o incompetentes, o ven al mundo con demasiadas exigencias que no se ven capaces de cumplir.
    Perfeccionismo y miedo al fracaso: postergar, y justificar un resultado final por falta de tiempo, sirve de excusa para evitar el miedo al fracaso, en tareas donde no hay garantías de éxito. Son personas perfeccionistas y autoexigentes, que se marcan metas poco realistas.
    Ansiedad y catastrofismo: el cúmulo del trabajo supone un cúmulo correlativo del nivel de ansiedad. La dificultad para tomar decisiones y la búsqueda de garantías de éxito antes de iniciar una tarea provoca finalmente sentimientos catastrofistas, y como resultado se sienten saturados e indefensos. Pueden sentir autocompasión, escudándose en que no son aptas para las exigencias del mundo que les ha tocado vivir.
    Rabia e impaciencia: las exigencias desmesuradas y el catastrofismo provocan también rabia e impaciencia. Pueden surgir ideas del tipo «yo debería ser capaz de realizar esto solo» «¡qué idiota que soy!» o «¡no puedo tolerar esta ansiedad!». Estas personas perfeccionistas, al no cumplir con las metas que se marcan, se muestran agresivas contra sí mismos. Terminan atrapadas en un círculo de enfado-rebelión que empeora su rendimiento.
    Necesidad de sentirse querido: el deseo de realizar tareas en base a la recompensa en forma de amor o aceptación de los demás. La creencia que subyace es: «todos deberían amarme para poder amarme a mí mismo». Basa su valía como persona en la aceptación y atención recibida. Si se les recompensa con sus demandas implícitas se sienten fuertes psicológicamente y por el contrario se sienten inválidas cuando no obtienen lo que desean. Por ese motivo estas personas aceptan todo tipo de demandas de los demás con el fin de agradar.
    Sentirse saturado: el trabajo se les acumula, y se ven incapaces de establecer prioridades; esto provoca sentimientos de ansiedad, saturación, estrés, angustia, indecisión, impotencia, inmovilización y fracaso, lo que cierra un círculo vicioso del que no pueden escapar.

    Procrastinación en la consulta médica vs resistencia al tratamiento.
    En psicología clínica resistencia, es todo acto o actitud opuesto al encuadre terapéutico, o bien, desde el enfoque psicoanalítico, opuesto al acceso del analizado a contenidos de su inconsciente.
    Desde un punto de vista general, un comportamiento de resistencia es una conducta de oposición de un individuo frente a otro (o a un grupo) que puede tener un valor positivo o negativo. Es negativo cuando funciona como una oposición al bienestar propio y colectivo. Es positivo cuando permite conservar hábitos valiosos a pesar de la oposición del ambiente, por ejemplo cuando un niño siempre se lava las manos pese a que sus compañeros no lo hacen.
    La resistencia, desde el punto de vista de la teoría psicoanalítica, es un proceso mental o acción dirigida por el inconsciente hacia no hacer consciente ciertos contenidos reprimidos los que desde el exterior están estimulados a brotar a la conciencia, para una mejor lectura de los mismos. Fuerzas que se opongan al tratamiento, parte de la mente se opone porque es doloroso o difícil el conocimiento de algunas partes de nosotros mismos, actúa como sensor en los sueños, la censura proviene del Yo. "La fuerza en sí misma tiende a la descarga" En el neurótico todo lo que se da en análisis es fantasía y en el psicótico esta fantasía se vive como algo real y en el neurótico éste se da cuenta de que es irreal, es decir, que para ambos existen tratamientos distintos. El paciente "se resiste" a saber de algunos a hechos o impulsos.

    Igual en las medicinas con enfoque holístico el paciente se resiste y reacciona cuando la terapia lo confronta con su ser y su hacer en la conservación de la salud y todos quieren el acto ilusorio de algo mágico que lo cure todo sin invertir ningún esfuerzo propio; se resisten, luego procrastinan y utilizan la evasión, negación, proyección, como primera fila de defensa ante el cambio de paradigma.
    Es más fácil tomarse una tableta para el dolor que saber porque duele, es más fácil echarle la culpa a los demás que asumir la responsabilidad de su enfermedad, para el enfermo él no fracasa, fracasa el médico y su medicina,  este evasor de vida siempre se dispone al camino más fácil y de menor resistencia.
    Clases de resistencia
    Resistencia de represión: puede ser consciente o inconsciente y los mecanismos de defensa que sirven a ésta vienen de la parte inconsciente del Yo por eso no podemos saber de ellos. Es inherente a la estructura psíquica del individuo (no querer saber de cosas que pueden ser dolorosas).
    Resistencia de transferencia: Lucha contra los impulsos infantiles relacionados con el análisis (en lugar de recordar, repetimos) "posibilidad" de repetir para cambiar la historia (repetición con diferencia) o sólo repetir sin cambiar y estancarse (repetición sin diferencia).
    Resistencia por ganancia secundaria: se obtiene "algo" con la enfermedad (síntoma.- compromiso entre deseo y defensas) y hay que tratar de ver qué significa el síntoma y hay dos tipos de síntomas: Egosintónico.- de acuerdo con el Yo y Egodistónico.- en conflicto con el Yo.
    Resistencia del ello: hay resistencias que vienen del ello. Toma como "mala" la vida pulsional.
    Resistencia del superyó: produce "culpa". Alguien puede tener deseos masoquistas. Sentimiento inconsciente de culpa.- lo que lleva a querer estar enfermos pero no puede haber un sentimiento inconsciente de culpa porque no hay sentimientos inconscientes, así que se le llama "Necesidad por el castigo". El Superyó tiene como "castigo" la culpa. Culpa persecutoria.-le hago algo a alguien y temo que se vengue. Culpa reparatoria.- le hago algo a alguien y trato de repararlo, por ejemplo, pedir disculpas. Esta resistencia tiene que ver con la resistencia de represión. También la resistencia del Superyó es característica del obsesivo y la represiva es característica de la histérica. A mayor resistencia, mayor distorsión.
    Además de estas clases de resistencia propuestos por Freud, se han agregado otros dos: Resistencia del temor a la cura y Resistencia del carácter ("Así soy yo, y no voy a cambiar").
    Como pueden darse cuenta los seres humanos somos complejos a la hora de enfrentarnos con la otredad y la consulta médica no es la excepción a la regla. La relación médico-paciente es, de las relaciones humanas, unas de las más complejas y la que más despierta mecanismos de defensa por parte y parte; ya que hoy en día está mediatizada y tercia rizada por una entidad, que en el afán de controlar todos los eventos que intervienen en la prestación del servicio médico, se olvida que el factor humano no se puede predecir y mucho menos estandarizar.
    Otra cosa es,  la consulta “particular” donde se conserva aún muchos de los preceptos de esa relación humana, con un paciente muchos más informado (o “desinformado”) por los medios que existen hoy en día, y mucho más exigente a la hora del resultado y las formas de conseguirlos; la inmediatez de los medios de información y el afán de esta sociedad hambrienta de resultados, no hablan del tiempo, ni de los procesos para conseguir la salud, de hecho los medios no interesan mucho, solo la finalidad importa, para el paciente incauto que cae en ese afán.

    Pero algo que no ha cambiado a pesar del tiempo es esa condición humana de procrastinar y resistirse al cambio y de esto está plagada todas las relaciones humanas y aun con muchos más matices de neurosis y de impaciencia. Así que si usted que está leyendo este artículo y está dando más vuelta que un perro para echarse o se inventa excusas para asistir a una inversión ineludible que es, estar viviendo una hora consigo mismo, entonces usted está padeciendo procrastinación o resistencia al tratamiento medico-psicologico.